Esto no es más que un absurdo constante, corriente y voluble que viene y va, que no trae nada y luego se va.
La naturaleza de aquel lugar era aborrecible. Más que un apartaco desordenado y maloliente, parecía un antro de “birutas”.
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La vista más hermosa del balcón daba a un patio interno cercado por cuatro paredes en las que se observaba un gráfico disperso que decía:”mamita, te quiero”.
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Lo más próximo a un laundry service era ese estadio, así que allí, o en la azotea, se podía colgar la ropa.
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Hubo intento de mejorar el ambiente del apartaco pero los muebles de hace tres décadas no cuadraban con ningún estilo.
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Quisimos irnos y liberarnos de este ensayo, porque encontramos miseria e inmundicia en las escaleras, luces chispeantes y el aire más denso que la casa de un rastafari.