Para relajar. Cassandra Wilson hace un cover de Redemption Song de Bob Marley
La lluvia me da unas ganas divinas de acostarme y enrollarme en las sábanas. Apapacharme contigo y olvidarme del estrés. ¿Quién podría llamarle a esto rutina si es la medicina que necesito cada día para sobrevivir? Adoro mi sistema de supervivencia, mi biblioteca, mis manías, mi manera de mirarte. Tú. Es que todo lo haces posible y para ti es todo. ¿No lo ves? Es fácil. Fíjate bien.
Luego que el gobernador del estado anunció que el 27 de junio y el 11 de julio serían días no laborales debido a los juegos de la Copa América en Puerto Ordaz, la presidencia de la empresa envió una comunicación que decía: Hay que trabajar normalmente. Así que el día del periodista no distó de cualquier otro, pues como buen medio, el periódico debía salir al día siguiente. Mi jefe al menos salvó la patria e invitó a las periodistas del departamento a comer en un simpático restaurancito árabe muy tradicional.
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La tarde transcurrió entre adelantar un tema pendiente y averiguar quien tenía entradas para el juego que no costaran más de 100 mil bolívares. A última hora nos salió el antojo, pero a quienes preguntábamos nos decían:”En 100 dólares es que te las pueda dejar”. No gracias. Una entrada que costó menos de 20 mil bolívares, para comprarla en 300 mil, es demasiado. Pero hubo gente que la compró, así, a última hora por puro antojo. Y nosotras casi se las arrancamos de la mano a un jefe de prensa de la gran corporación, que entró al restaurancito árabe con ellas para saludar al dueño de la radio que prestó sus instalaciones para la venta.
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En las empresas básicas las repartieron el día anterior y se dijo que la secretaria del gobernador cargaba un manojo que comenzó a repartir en la calle (eso la verdad no lo creo). Lo que si es cierto es que mi primo me dijo: “a mi mamá le regalaron unas entradas para un palco así que iré con ella”. Osea, quien menos pensaba ir se montó en el bus de la gobernación que llevaba a la gente hasta el estadio. ¡Y qué estadio! Me hubiese gustado pasar lo últimos días por la avenida Guayana para ver como iban los arreglos, porque dos semanas antes estaban como locos colocando piedras verdes donde no había grama y pintando una cerca perimetral a la par que la iban soldando. Quedó bonito, aunque ello haya costado el plan de vivienda del estado y la partida de restauración de la biblioteca y del casco histórico de ciudad Bolívar, según sonó por ahí los primeros meses de la remodelación.
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Mi prima, quien compró sus entradas por Internet (y todo le salió bien) con un poco de susto, me contó que fue excelente la organización y que no había visto nada fuera de lo normal. La idea de hacer que la gente estacionara sus carros en espacios estratégicos en la ciudad para luego ser trasladados en buses de CVG Ferrominera y la gobernación, fue una de las mejores ideas para evitar el tráfico; además, cerraron una de las avenidas principales de la ciudad únicamente para que los buses circularan rápidamente por allí. No estuvo mal, considerando que ésta es una ciudad pequeña. El rollo fue al regreso cuando todos querían llegar hasta sus carros al mismo tiempo, jejeje.
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Los fuegos artificiales al final del evento duraron mucho tiempo pese a que mucho se fueron antes por la decepción de ver perder a la selección de Brasil. No me sorprende que los asientos comenzaran a despejarse antes de lo previsto, pues, sin ánimos de exagerar, el 70% de los guayaneses le va Brasil y acá también habían muchos extranjeros que vinieron a ver ganar a su equipo, cosa que no sucedió. ¡Qué pena! Mi prima se fue medio obstinada, aunque hubo un gran grupo que simplemente se fue con la satisfacción de decir:”estuve en un juego de la Copa América, en el mejor estadio del país”.
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¿Y el día del periodista? Sin pena y con poca gloria. Se realizó la clásica entrega de premios a algunos destacados periodistas el día anterior, nada que emocionara y que diera un estimulo adicional, y hoy en apariencia será el almuerzo de la empresa, que sin muchos ánimos intuyo que algunos no irán porque lo que no llovió ayer está cayendo ahora y además, la Copa América se lleva todos los comentarios.
¿Has tenido la sensación que tienes muchas cosas que contar pero no sabes dónde empezar? Pues bien, así me siento hoy, lunes, primer día laboral de la semana con mucho que hacer y después de haber hecho bastante.
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La despedida de soltera fue -aparte del stripper que nos dejó embarcadas- un exitazo, la chica no se esperaba nada, la engañamos totalmente y su mamá fue muy especial al darnos todo su apoyo para hacerlo en su casa. Estuvimos desde las 8 de la noche hasta las 2 de la mañana jugando, riendo a carcajadas y divirtiéndonos mucho. De verdad quedó genial. Las fotos, las debo. 8-)
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Pero como después de un buen gusto se dice que viene un mal rato, en mi caso fue muy trabajo, pues tuve que escribir un par de temas correspondientes al cronograma de trabajo, de los cuales había uno que implicaba un viajecito a La Paragua para hablar sobre una ruta turística corta; así que el miércoles (bien atravesado) salí temprano en la mañana y regresé bien tarde en la noche. Les cuento un poquito como fue.
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De Puerto Ordaz a La Paragua son unas 3 horas de camino en carro, o menos, dependiendo de cuán rápido se vaya. La vía está bastante buena hasta Ciudad Piar, y a partir de allí, uno que otro hueco, pero de resto, bastante decente el camino, que por cierto, regala un apreciable paisaje, además de una vista rápida a la piedra Elefante.
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Una vez en el pueblo, que no tiene mucho que ofrecer, más que buenos locales comerciales con todo lo necesario para viajar, alquilamos una lanchita a motor -muy rápida- que nos cobró Bs. 50 mil ida y Bs. 50 mil de vuelta por persona. Como éramos 3 en el equipo: periodista, fotógrafo y guía turístico, el viaje nos costó 300 mil después de regatear. Si se dejan le pueden cobrar hasta Bs. 500 mil.
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Pagamos al Capitán (aka cacique en otro tiempo) de una comunidad indígena pemón llamada Sakoroken y nos montamos en la lanchita con rumbo a los rápidos Uraima, con el interés de hacer parada en ésa comunidad indígena u otra. Así fue.
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Después de 1 hora y 15 minutos de bonito paisaje y sol radiante, llegamos a la comunidad indígena de la que puedo decir lo siguiente: Qué éxito, espectacular, super organizada, bonita, limpia, quería quedame a vivir con ellos al menos dos semanas, aprender a tejer, sembrar, cocinar y disfrutar de la paz que produce estar echado en un chichorro en un sitio como ese, pero bueeeh…lo dejamos para otra ocasión. Estuvimos allí unos 20 minutos y nos fuimos rumbo a un campamento turístico que queda muy cerca de los rápidos Uraima a 1 hora y 45 minutos en lanchita, río Paragua arriba.
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Al fin llegamos al sitio. Estaba cerrado, abandonado, pues resulta que sólo abre en los meses de diciembre a mayo cuando es la temporada de pesca deportiva de Payara, así que dimos unas vueltas por el sitio e hicimos fotos, y junto a Manuel (nuestro guía pemón y lanchero) caminamos media hora por el terreno irregular (entiéndase subir y bajar por piedras grandes) hasta llegar a una vista espectacular de los rápidos. Allí nos detuvimos un buen rato para hacer fotos y observar el paisaje.
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En todo esto me veían con mi libretita haciendo anotaciones por todo el camino y finalmente allí, con los rápidos al frente, le pregunté a Manuel por qué se llamaban Uraima. Me contó una historia, que se la debo porque sino se hace interminable esto (disculpa el corte). So, luego de disfrutar de los rápidos… de vuelta al pueblito La Paragua. Era la 1 pm aproximadamente y aprovechamos de “almorzar” con las provisiones que llevamos para el camino.
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Manuel tomó un rumbo distinto para que viéramos un paisaje diferente y tuvimos la oportunidad de pararnos en otra comunidad indígena pemón llamada Bethel y allí, pues, fueron un gran ejemplo de organización. Los vi construyendo su iglesia católica, tienen unas espectaculares churuatas y casas de bahareque, y me quedé loca con los simpáticos y educados que son. También provocaba quedarse a compartir con ellos mucho tiempo, pero como era poco, después de unas cuantas fotos nos subimos nuevamente a la lancha, de vuelta al pueblo.
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Tuvimos suerte que no lloviera, de hecho habíamos llevado bolsas plásticas por si se daba el caso, pero en realidad lo que llevamos fue sol, mucho sol. Quedé hecha un carboncito de los brazos y la cara a pesar de que llevaba gorra y lentes, y protector solar. Me quemé de lo lindo, ¡Ah! y ahora hace contraste con el accidente que tuve en mi cabello con un tinte el fin de semana de la despedida de soltera. Digamos que me veo un tanto diferente.
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Bien, luego de 3 horas de camino hacia los rápidos y 3 horas de vuelta a La Paragua, al fin pudimos sentarnos a comer el almuerzo decentemente a las 5 de la tarde, justamente en un localcito que habíamos pillado llegando. Muy limpio, muy arreglado, muy familiar y que es atendido por una señora con su hija. Comimos rico y nos dio flojera volver, pero tuvimos que hacerlo, así que a las 6 de la tarde nos subimos al carro y luego de 3 horas de camino finalmente llegamos a Puerto Ordaz. De verdad fue un día matador, pero gocé un imperio, como dicen por ahí coloquialmente, jeje.
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El jueves fue el cumple de mi madre con un almuerzo sencillo y una noche tranquila, para mi, una noche de descanso, dormí bien y me puse mucha crema para paliar el bronceado. El viernes era la boda mi amiga, la chica a quien organizamos la despedida de soltera, pero resulta que con la inauguración del super, ultra, mega, Centro Total de Entretenimiento Cachamay (antiguo polideportivo) no pudo casarse. La maravilla de organización del evento decidió cerrar todas las calles aledañas al estadio, justamente donde estaban las dos entradas al Club Náutico donde se iba a realizar la boda, así que se cambió todo para el sábado.
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Así que el viernes fue medio nulo, terminé de hacer unas entrevistas y una sesión de fotos del otro tema que escribí a la par de La Paragua, mientras me preparaba para el sábado que se supone que era la boda y la fiesta de cumpleaños “sorpresa” de mi madre al mediodía.
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Si, también tuve tiempo para organizar una fiesta sorpresa. Como no tenía mucho espacio en mi agenda comencé a delegar actividades entre mis tíos y mi primos, y encargué comida para no tener que cocinar, todo parecía estar listo, incluso con los detalles de cómo íbamos a distraer a mi madre mientras llegaban todos al apartamento.
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Finalmente llegó el sábado y mi tía llamó temprano en la mañana para anunciar que mi prima se había fracturado un pie (ouch) muy estúpidamente y que tenía que llevarla a la clínica. Ni modo. La fiesta se retrasó un par de horas, pero no sólo eso, tuvimos que mudarla a casa de mi abuela porque era más cómodo, en consideración con mi prima. Después de ese movimiento estratégico y muchas anécdotas de por medio, pasamos un buen rato. Como buena anfitriona tuve que limpiar cuando todos se fueron por aquello de usar un espacio ajeno. Mucho que hacer pues.
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Total. Finalmente. Llegada. Al fin. La Boda. No fui. Me quedé dormida. ¿Qué tal?
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¿Quieres ver algunas fotos del viaje por el río Paragua? Entonces haz click aquí.
Después de regatearle a un taxista, decidió llevarme por menos de lo que pedía; sin embargo, camino a mi destino se inspiró en un discurso a despotricar el por qué los clientes tenían que poner el precio si él era el dueño del carro. Le dije que el trayecto no era tan largo y que en promedio yo pagaba, incluso, menos de lo que me estaba cobrando.
Taxista:“Eso es imposible”.
Pat:“Todo lo contrario, es muy posible porque en esta ciudad no existe una tarifa legalmente establecida, y así como usted puede tener razón con respecto al precio que cobra, yo también tengo razón con respecto al precio que le ofrezco pagar”.
Taxista:“¡Es que a la hora de comprar un respuesto, no voy a ser yo quien ponga el precio!”.
Pat:“Sucede que ésa es la mejor excusa que se puede dar, sobre todo cuando anda en un carro de agencia, déle un mejor uso”.
Taxista:“¡En este país no se consigue empleo!”.
Pat:“…”.
Y bueeeh, de esa manera llegué a mi destino, cuajada de la risa, nada más por haberme aprovechado de la situación para fastidiar. Él me gritó por la ventana que algún día iba a tener que pagar el precio que él ponía. Creo que Puerto Ordaz es la única ciudad donde ser un profesional y dedicarse a ser taxista, genera el mismo sueldo o más. :P
Rescatar, sobrevivir, evolucionar, crear nuestro amor. Lo siento, pero cómo dejar escapar ese amor que nunca se fue.
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Coleslaw: ¿Por qué esa empresa está vendiendo todos sus tubos sin costura al mercado extranjero dejando desabastecido el mercado interno impidiendo la construcción de infraestructura destinada al pueblo y para pagar la deuda social que dejaron otros?
Numeral1: Esa empresa produce sólo tubos con costura.
Coleslaw: ¿Entonces quién produce los tubos sin costura?
Numeral1: Es la otra empresa.
Coleslaw: ¿Por qué la otra empresa está vendiendo todos sus tubos sin costura al mercado extranjero dejando desabastecido el mercado interno impidiendo la construcción de infraestructura destinada al pueblo y para pagar la deuda social que dejaron otros?
Numeral1: El 100% de la producción de tubos sin costura se vende a la empresa que ahora es de todos.
Coleslaw: Ay… qué burrada.
Numeral1: Ssshhh…
Hay mujeres que se pueden pasar todo el día hablando de tintes, del costo de los alimentos, de la peluquería o de la novela -cuando podían verla- pero pocas hablan de la Fórmula 1.
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Hace varios años solía ser una fanática de las carreras y alentaba a mi madre a verlas con mi hermano, pero con el tiempo fui perdiendo interés porque siempre era lo mismo, cambiaban a los pilotos y ya no parecía entretener, pero ellos siguieron el ritmo de cada nueva temporada y la costumbre se extendió en la familia.
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Ahora, mientras me considero una aficionada con poco interés, mi madre y mi tía, demuestran una pasión que es clase aparte. Eso de llamarse por teléfono o mandarse mensajitos de texto para preguntar los resultados de la pole o para hacerse bromas por la derrota de los pilotos, no tiene igual.
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¿Y la extraterreste? Yo, porque vagamente reconozco los pilotos nuevos, porque no siento la emoción de saber quién se ganó la pole o si el negrito ganó su primera carrera y que la escudería que toda la vida seguí, ahora está dando la pelea. Nop, no tengo chance en algunas conversaciones, lo que si disfruto con gracia es escuchar entre mi madre y a mi tía, algo como:”Salgo de la peluquería y me voy para la casa para ver la pole, nos vemos allá”. No tiene precio. :)
Déjame descansar en tu regazo
y sentir tus manos tiernas
que acarician mi cabello.
De tus dedos
mi cabeza absorberá tu esencia,
y en mí,
sentiré tu cariño eterno.
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Cuento cada día nuestros pasos
que poco a poco acortan la distancia
y de cada día,
las horas,
que marcan el fin de una realidad
para entrar en un sueño.
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Las nubes se espesan
y nuestras ideas fluyen telepáticamente
mientras nos estamos durmiendo
con una canción del mar.
Esos sonidos que siempre extrañamos
y que nos dan paz.
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El calor de tu mano
ameniza mi dormitar
y a punto del inconsciente
te espero en la puerta
para reposar juntos
y olvidarnos de tanto mal.

“Juntas son las peores”, me dijo un amigo, cuando le contaba que estuve organizando la despedida de soltera de una buena amiga, excompañera de trabajo y de la universidad. Y yo pensé:”puede ser, puede ser”, porque si es por los comentarios abusivos que surgieron con respecto a los hombres, bueeh, puede ser, puede ser.
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Nunca había tenido la oportunidad de compartir con tantas mujeres al mismo tiempo en pro de otra mujer, pero lo cierto es que nos reunimos unas buenas compañeras y amigas de la agasajada para cuadrar la despedida de soltera con mucho picante. Sip, nada como un grupo de niñas con las hormonas alborotadas para inventar la fiesta y demostrarle a nuestra amiga que se le quiere mucho y que “lamentamos” que se case.
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Nunca he sido de coleccionar amigas, de hecho, tengo contadas buenas amistades femeninas que surgieron en la universidad pero que no se convirtieron en compinches. Sin embargo, con estas chicas el sábado fue un relajo total desde el mediodía hasta pasada la 1 de la mañana, únicamente organizando, comprando y riéndonos por los detalles de la fiesta.
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Entramos en una tienda de ropa sexy y cosas eróticas para “ver” y nos encontramos con una señora mal encarada que nos veía de reojo mientras atendía a otra que miraba ropa interior. Total que nos quedamos un rato curioseando el mostrador y esperando que nos atendiera. Cinco ociosas que sólo hacían comentarios asociados al pene por los detalles y objetos que había en el lugar.
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La tipa que compraba el liguero se fue y la doña un poco renuente nos atendió de mala gana:”¿qué buscan?”. “¡Condones!” le gritó una, a lo que otra dijo:”¡Si señora, muchos condones!”. Ella sacó un envase enorme con muchos de colores y nos volcamos todas a escogerlos. “Ése señora”, “dos de cada color”, “Él morado está más bonito”, “Uno rojito por no dejar”. Escogimos diez condones y las chicas aprovecharon para preguntar para qué es eso, para qué es aquello, y la doña un poco seca les decía:”Eso es un retardante y ése un lubricante”.
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Como ninguna le hacía caso a su mal humor y estabamos eléctricas, le comenzamos a preguntar y a hacer comentarios graciosos, hasta que ella se soltó y empezó a mostrarnos todas las cosas obscenas que tenía en la tienda. Le comentamos entre risas que teníamos un presupuesto ajustado y que sólo estábamos comprando algunas cosas, pero que de todas formas nos gustaba ese pitillo con forma de pene para la agasajada así que lo ibamos a llevar, y que a parte necesitabamos un sombrero pero como no veíamos en el lugar, iríamos a otros sitio. Ah!, pero entonces ella sacó un grotesco antifaz donde los ojos quedaban en las bolitas. Y lo llevamos.
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Pasamos toda la noche echándole vaina a la más pudorosa del grupo porque ella tuvo que buscar la piñata grandota y con la puntita roja, y le dijimos que le íbamos a pintar un motivo de la fiesta en la cara, ya se imaginarán cuál. En fin, entre risas, pintamos unas franelillas blancas con mensajes graciosos, compramos unos hilos dentales ordinarios para usarlos por fuera del pantalón y nos reímos bastante por toda la ocasión. Tuvimos nuestros desacuerdos y caimos en cuenta que menos mal que nos vemos “de vez en cuando”, porque en definitiva, ¡juntas somos las peores!