Esta es mi nueva adquisición, un collar de semillas. Paparas (las pepas negras) y lágrimas de San Pedro (las pepas grises), realizado exclusivamente por una chica warao en el poblado de San Francisco de Guayo en el Delta del río Orinoco. No pude viajar en esa oportunidad pero los chicos encantados por la aventura trajeron collares de recuerdo.


Como diría la infanta en uno de los cuentos de Oscar Wilde: “En lo sucesivo, quienes vengan a jugar conmigo, que no tengan corazón”.
Dormitar, dormir al fin, eso es todo lo que quiero hacer. Ayer me dolía la cabeza de tanta somnolencia y no me importó, seguí allí, pendiente de… poco y sólo con ganas de estar entre el acolchado. Te vi y te ignoré, me harté. Me afectas. Ahora sólo quiero dormir, siempre, y me acompaña como siempre mi mariposa negra.
Salía de una casa atestada de rockeros, de una gran fiesta, con mi cara de decepción que no avistaba más que el camino de bajada por la calle. Cuando de pronto te ví, subiendo hacia la casa, y cada uno, como quien observa a un ser inerte en el espacio, siguió su camino, pero en un instante volteamos al mismo tiempo, cayendo en cuenta de quien atrapaba la atención. Mi sorpresa no me dejó decir nada, sólo te escuché impresionado: “¿Hasta cuándo te quedas?”. Sentí una marea que me arrastraba calle abajo sin que pudiera al menos juntar algunas palabras en medio de mi tartamudez. No te vi más y me quedé pensativa.
Si piensas en hacer una dieta, si quieres comprar un vestido y no estas segura de cuál te queda mejor, o quieres hacer un curso de inglés o entrar en un gimnasio, y no te gustaría ir sola, seguramente tu “amiga” puede acompañarte. El apoyo moral entre chicas es fundamental.
Trillada, así eres, más que la palabra misma.
Algunas veces me provoca trabajar desde casa, sobre todo los viernes cuando se siente tan cerca el fin de semana. Adoraría romper con el formalismo de la oficina y llegar en pantuflas y enrollada en sábanas con una taza de café en la mano, para luego sumirme en la cápsula que supone mi escritorio minimalista. Pero no. El odioso esnobismo de estos empresarios obliga, no sólo a ir con zapatos, también peinado; y además, a tener que compartir el ruido con otras 20 personas en un minúsculo departamento. Nadie aceptó mi propuesta de los “viernes casuales”. A nadie le gusta el silencio.
Aunque hubiese preferido que ganara México en el pasado juego de la Copa América, por aquello de la compasión hacia el más débil, tengo que reconocer que los argentinos en general, y este en particular, me hacen mucha gracia.
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Dentro de su peculiar altivez, los argénteos demuestran un especial bueno gusto que se traduce en diferentes ámbitos, en este caso, Diego Torres lo demuestra, además, porque proyecta una imagen muy fresca, serena y agradable, fuera de lo que pueda declarar con su ego argentino. Falta reconocerle en las pantallas, no he tenido la oportunidad de verle en las pelis, pero sé que se ha fajado desde siempre.
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En su última producción Andando (2006) -aún vigente- confluye una serie de temas románticos con las típicas letras que le caracterizan; sin embargo, mi gusto se inclina por su unppluged, como en el caso de muchos otros artistas. Dieguito, tienes música temática que suena muy bien.