Se recicla la agonía. Es recurrente la pesadilla, sigue atormentándome. Son esas realidades que permanecerán vivas como una cicatriz roja que nunca termina de sanar. Las viví cruelmente y luego convoqué a mi verdugo por más, porque -supuestamente- enfrentándolas es que terminan disipándose en el tiempo. Mi libreta de notas dice lo contrario. Una a una se van sumando, haciendo una lista larga que va consumiendo el tiempo en reversa. Queda poco y mi corazón se acelera. El más débil caerá y de nadie será la culpa.
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El tiempo me confunde. Lo cambia todo, mi cabello, mis ojos, mi piel, los colores de mi alrededor. Ya no sé a dónde ir, siento que doy vueltas en el mismo tema sin ningún futuro, nada es seguro y el mal-*-estar persiste. ¿Dónde quedó la chispa de esperanza que brillaba fuerte? No la encuentro y me desespero. ¿Será la química de mi corazón o el tiempo que erosiona los suelos?¿Dónde está la primavera florecida, lejos de este maizal reseco?
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El insomnio me persigue otra vez, aunque los ojos se cierran solos buscando un caleidoscopio calmante que muestre un panorama ameno; el optimismo que se encuentra sólo en pequeñas porciones mal distribuidas; las horas de luz que agradecemos cada día…
Los últimos 10 minutos antes de la hora de salida en la tarde son un momento de meditación de la agenda del día, de la cena de este día, del sueño que me invade. No caben más letras en mi cabeza. Levanto la mirada para ver si hay nubes, lluvia o estrellas. Hay nubes. Cada día anochece más temprano y con el tiempo anochecerá más tarde. Faltan sólo últimos 10 minutos antes de la hora de salida en la tarde y ya quiero irme. Estoy fundida.
Tengo un perfume nuevo, barato, pero cumplidor. Lo compré en una promoción de lanzamiento, así que lo de barato es relativo. Lo de cumplidor, ya lo veremos. Huele bien. Mi madre lo olió y dijo: “Uhmm… esta gallina australina huele a… rico”. Me queda bien. Me agrada.
La vida es un crédito, la tomas prestada y en algún momento la regresas. Ni hablar de todo lo que debes hacer en tu vida para conseguir lo (material) que quieres. :P
Lunes. ¿Qué tienen de bueno los lunes? Si fuese martes, estaría mejor.
Amanecí con las alitas caídas, mirando un cielo que permanece gris. Es díficil concentrarse en volar cuando se tienen motivos para permanecer en el suelo sólo observando. Extraño el sol del amanecer, las sonrisas de esos días y el entusiasmo por emprender un camino nuevo.
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Me nutren las esperanzas de que lo difícil pasará y llegará el tiempo de la calma, donde podremos disfrutar del paisaje increíble y de las notas aromáticas que endulzarán nuestro viaje. Espero impaciente, como siempre, a la expectativa de todo y con ganas de todo.
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Hoy no hay motivos para estar alegre y lo peor es que hay ganas de sonreír, pero no sale. La parodia no queda bien, así que acá estoy, mirando el cielo gris, sin saber qué pasará, esperando el momento indicado para partir. Extraño ese día que no llega, ya me quiero ir.
De ti aprendí lo mejor y creíste en mi. Qué buen ejemplo fuimos para los dos ¿no? Qué mal que no tuvimos tiempo para aplicarlo. Cómo odio sentir que de alguna manera estuviste influyendo silenciosamente y otras veces con tus bromas. “No sé por qué me imaginé que estabamos unidos y me sentí mejor”, quise mostrarte que aunque no estuviésemos juntos, podíamos ser felices. ¿Qué tontería no? Tal vez si te hubiese dado esa oportunidad… Lo sé, igual me comprometí y tu viste el tiempo justo para hacerlo también. Un par de años después de la graduación.
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Lo siento, no hubo oportunidad…
Viviendo bajo las sombras. Desde que regresé a Puerto Ordaz no he visto el sol. Increíble.