Hoy estuve en Ciudad Bolívar, haciendo lo cotidiano, disfrutando de un día caliente, regalando sonrisas, comiéndome las uñas y escuchando -al menos por unos minutos- una voz amable que al fin se hizo una encantadora imagen.
-
Los días pasan sin más. Aún estoy boceteando mi vida y dándole forma como instintivamente me parece que debe ser. Y trato… trato… aunque ya alguien me haya dicho cómo soy, de no afectarnos.
-
Me encanta responderte, ojalá me hicieras un millón de preguntas, no me cansaría de hablarte y escucharte; de hacerte cariño y de suspirar por tus ojos.
Sentir cómo se esparce el dolor de la migraña por toda la cabeza y cómo captura mis ojos y mi mandíbula, es simplemente indescriptible. Paraliza, ciega y adormece.
Antes tenía el ambiente, el tiempo y el ánimo para inspirarme y darle forma con cariño a un texto impuesto. Ahora si acaso tengo las horas justas, los caracteres contados y el formato “requerido”. Me aburre preparar un tema así, donde las entrevistas llevan a lo mismo en diferentes áreas y el montaje es un sobrecito de polvo dulce que se disuelve en la pantalla.

Cuando era pequeña mi cuento favorito era Alicia en el país de las maravillas. Tenía muchos, mi madre adoraba comprar libros y sobre todo clásicos. Recuerdo un compendio muy peculiar que narraba las aventuras de Houdini en su carrera, y venía acompañado por las vivencias de El Patito Feo, y de El Llanero Solitario junto a Toro, su fiel compañero. Sin embargo, fue la rebuscada aventura de la niña que descubría lo extraordinario, la que me divirtió por mucho tiempo.
-
Siempre he pensado que Lewis Carroll creó una magnífica historia enriquecida con innumerables detalles que, apenas con 7 años de edad, me causaban una profunda fascinación. Gracias a sus letras podía adentrarme en un mundo fantástico que se coloreaba en mi cabeza y que resultó ser una explosión de creatividad. Con el tiempo, la narración potenció mis habilidades bajo la influencia de una aventura fabulosa que desenvuelve infinitas posibilidades de la imaginación, aunque parezcan increíbles.
-
La historia, dividida por capítulos, en diferentes tomos de una enciclopedia en casa, me mantuvo meditativa por un tiempo, y cada vez que creía necesario volver, tomaba los libros y los apilaba a mi lado en el sofá para repetir otra vez el recorrido. Los pocos dibujos que acompañaban el cuento eran simples, en blanco y negro, muy aburridos; algo me llevó a trazarlos con un marcador morado que no pude olvidar. Fue como darle un sello personal a un objeto preciado, bonito.
-
Esos bocetos en mi mente se sembraron y poco a poco fueron gestando inquietudes coloridas y formas sinuosas, sobre todo muy divertidas para mis tareas de la escuela. Mi amiga, compañera de aula, secundaba mis ideas, así que ambas, mientras otros pintaban tímidamente un paisaje pálido en una hoja blanca en el espacio de dibujo libre, nosotras plasmábamos la fiesta rave de unas almendras de colores vivos (muy parecidas a los M&M’s) salpicadas de confeti y serpentinas.
-
Extraño esos momentos… extraño la desbocada imaginación. Añoro volver a los colores. Me hace falta comenzar a cantar a través de las formas. Mi brazo retraído y atrofiado lo balbucea en estos días.
Hay días que siento que se me dilatan las neuronas con la respiración, y mis ojos se abren mucho y puedo concentrarme en cuestión de segundos en un mundo aparte. Cuando eso pasa lo aprovecho al máximo, generalmente tengo insomnio pero dura el tiempo que me tome descargar todo. Así me pasó hace días, así me pasa ahora. Mis ojos se mantienen muy abiertos y mis sentidos, cual esponjita, absorben todo lo que pasa a mi alrededor. Ojalá me dure mucho, me encanta cuando pasa.
Hay momentos en que lo inoportuno se hace evidente y lo indiscutible sorpresivamente se va disipando.
Tengo que reconocer que disfruto sintiendo la alegría y el dolor que produce estar fascinado con alguien. Estoy encantada con ese alguien desde hace mucho. Suspiraba y suspiro por sus ojos y me mordía los labios por el deseo de besar los suyos. Ahora quiero besarlos constantemente. En este punto, desde aquí y hasta siempre, me regocijaré al ver el esplendor que irradían junto a esta historia. La magnífica energía que nutre con sonrisas ¡De sonrisas! …Son mis favoritas.
-
Esta locura mía la comparto porque sé que nos entendemos, que hemos vivido juntos sin saberlo y que ahora cada vez más lo entendemos.
Me gusta la luz baja del balcón. No sé si lo sabes, quizás nunca lo he dicho. También adoro la brisa cálida que entra rompiendo con el frío. Nos deshiela.
-
A veces pareces absorto, viviendo en tu mundo, riendo solo, tal vez con tus amigos; únicamente te ilumina el rostro el monitor… Y pienso lo afortunada que soy a pesar de lo difícil que puede resultar en ocasiones esto. No es un consuelo, no, eres el pilar que me ayuda a ser fuerte, porque, aunque no lo entiendas, siento todas las responsabilidades como mías, por eso trato de aliviarte las penas.
-
No digas nada, no exijas explicaciones, sólo mírame angustiado; es la única manera en que siento que debo decir algo por los dos, por todo lo conversado, por lo que tenemos en común, más que nada, por las innumerables ocurrencias que tuvimos y las risas que me arrancaste.
-
No sufro. Tengo el cielo a mi lado, aunque a veces quiero ver tus estrellas con un matiz distinto o tal vez en una posición diferente.
-
No te esfuerces por ser tu mismo, deja las cosas a la vista y yo me daré cuenta (o trataré de ignorarlas), porque, aunque te conozco de toda la vida y acepto cómo eres, a veces me gustaría que fueras diferente.