Apenas lograba ver la pantalla quieta, borrosa, nublada, el pequeño cursor titilaba lentamente…
Hombre no conoce termino medio, ni intermedio, ni medio, ni matiz, ni difuminado, en fin ven en 16 colores y siempre a los extremos.
Mientras más sé, más silencio hago…
podría ignorar otras cosas
las que sé no me bastan
pero sé que me sirven
hasta ahora
Sigo…
A veces me ahogo en mis penas
Mancho las sábanas con el llanto y me resigno por mi tristeza
Recojo las piernas y pienso, ojos abiertos, lágrimas sueltas,
en los días maravillosos que se acercan,
Ay, qué incongruencia
Cuando la brisa refresca mi rostro,
miro al mar y agradezco el consuelo que me da.
La luna bella me dice: “No estés triste”
y yo le sonrío con falsedad para que esté quieta
A veces la ternura me quiebra, así que
miro al cielo buscando respuesta;
del silencio, de la vana ausencia,
saco todo e insisto en sonreír
aunque me cueste la licencia
Cuando un día de estos me encuentres triste,
al segundo repuesta,
pues tomo del aire lo que necesito
y en el silencio permanezco serena
¿En qué momento te hiciste tan cotidiano?
No lo recuerdo
Es que si te ausentas
haces falta,
te echo de menos todo el día
y te pienso y pienso
hasta que llega el otro día
–
¿Cuándo fue el último abrazo?
Un día lindo, en el atardecer
Te extraño tanto, tus brazos,
tus manos entrelazadas con las mías
Tu brazo alrededor de mi cuello,
tu brazo alrededor de mi cintura
-
¿Cómo fueron los últimos besos?
Intensos, sollozos,
profundos, húmedos
Los mejores de este mundo,
inmensos.
Los más cálidos y tiernos
Los más seductores y relajantes
-
¿Dónde sucumbieron nuestras miradas?
En un precipio con fondo oscuro,
con la grama a nuestros pies,
sobre una roca,
en el cielo estrellado
Allí
-
¿Cuál fue el momento perfecto?
Compartiendo vino y riendo
Cuando soñamos juntos
Cuando las olas de la playa fueron nuestras
-
¿Por qué?
porque así se quieren las almas…
Al fin después del bullicio, las carcajadas, bebidas y comida, llegó la calma. Allí en el sofá, solos tú y yo, haciéndote remolinos en la cabeza mientras estas recostado en mi vientre. Nos miramos tranquilos, con una serenidad contenta que podría ser la envidia de cualquiera. Vivimos un momento silencioso con un fondo musical clásico de los dos. Y allí con sólo vernos nos besamos, simplemente con la mirada de quienes se tienen seguros, queridos. Es así de sencillo, sin tapujos, ni reclamos, simplemente la paciencia, comunicación y necesidad que siempre hemos cultivado.
Al ras del suelo apoyada en mis manos miro nuestro pequeño frasquito donde apenas guardo los respiros, los suspiros, las gotitas y los cariños. Me hacen falta los tuyos, los respiros al oído, los anhelados y apasionados cariños, los que se van diluyendo poco a poco y se ausentan; ellos aumentan las ansias de vernos otra vez.
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Quiero de vuelta la calma inusitada, los remolinos en tu cabello, los roces de los besos, los intentos de carcajadas que más bien resultan sonrisas torcidas que complementan las miradas cómplices. Así va llenándose y secándose poco a poco el frasquito, el manatial de amor que hemos creado, el pozo profundo de agua dulce (otras veces salada) que nos mantiene frescos.
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Y me doy vuelta en el suelo, mientras me acomodo entre mis brazos para mirar las estrellas desde mi habitación con el techo descubierto; ellas bañan todo el espacio con su tenue luz. Intento reconocerlas, intento verte en ellas, quiero tomar una y guardarla para nos.
A veces quisiera sentir esa tranquilidad que da sentarse en el suelo abrazando las piernas y apoyando la barbilla en las rodillas.
Hace poco le pregunté a Leonardo Padrón con motivo de la presentación de su libro Los Imposibles 2, acerca de cómo había sido entrevistar a Eugenio Montejo y él me dijo: “Espectacular, ojalá tengas la fortuna de conocerlo”. Pues sí, así lo deseaba. Se me ha hecho difícil conseguir sus libros en Puerto Ordaz. Quería decirle que su poesía ha sido una inspiración para mí y que su trabajo es refrescante y encantador.
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Sin muchos comentarios, sólo quería expresar mi pesar por la pérdida de este poeta venezolano y recordarlo con tan buen ánimo como siempre lo he pensado. Adiós señor Montejo.
