Visitar esa ciudad tenía un motivo sustancial cuando él estaba presente. Ahora no está, ya no vale la pena el viaje.
Comencé el día con una energía renovada. Definitivamente hay que decretar un excelente día cuando despiertas, así el cielo esté gris y la brisa húmeda. Hoy por suerte el sol resplandecía y mientras salía de mi modorra, podía ver a Pelusa a lo lejos tomando un cálido baño de sol casi a ciegas. Ella siempre se despierta muy temprano. A pesar de mi pereza pude levantarme de la cama y con buen ánimo alistarme para desayunar y llegar muy temprano a la oficina. Hoy tengo un texto que culminar y otros temas por comenzar, así que hay que aprovechar el tiempo.
La temperatura ideal, el momento perfecto, la música comienza a sonar y justo cuando te dispones a escribir, alguien grita del otro lado arruinando el momento. ¡Damn it!
A veces escribir con los ojos cerrados da buenos resultados. Sin mirar demasiado, apenas con la mirada furtiva, se va gestando una carta de letras impasibles que de alguna manera van configurando algún fin. Se trata, sin mirar atrás, de desarrollar un complejo esquema mental que trae un millón de incisos. Y sí se puede, es que a veces no se sabe por donde empezar. Lo cierto es que más fácil no puede ser, el comienzo pues. Uno a uno y sin tropiezos se va elaborando el texto estelar que a todos encantará. Y muero por leerlo.