Me gustaría verte haciendo tus cosas, vistiéndote, arreglando tu trabajo y trabajando. Quiero sentir la recompensa de verte al final de cada día.
Hey, disculpa, estas roncando, ¿te importaría no hacer ruido? No me dejas dormir.
El que pacientemente espera a que estas líneas formen párrafos cargados de carisma y cariños, debe saber que en los momentos más tranquilos las ideas románticas se adormecen.
Hace un tiempo que me pregunto en qué etapa estaré en este momento. Al parecer, muy evidentemente, es una poco prolífica y nada voluptuosa, mucho menos cargada de ideas. En estos momentos se da lo de siempre, el estándar para cualquier tema y la rutina que carcome. Y pensando en qué hace falta para cambiar las cosas, se me ocurre en dedicarme a nuevas ideas, sueño con eso, lo medito intensamente, pero no encuentro el click donde debo presionar para comenzar.
¿Quién me saca del sopor en este momento? Los lunes son lentos, pesados…
Qué divino es disfrutar de un texto sin la acuciosa mirada de quien quiere corregir todo y darle un estilo propio. Tener tiempo para dedicarle a la lectura por el simple placer, es un momento contado en el día. El resto de las horas se busca dar perfección a las imágenes creadas con las palabras y además, se espera absorber la mayor cantidad de información posible con el interés de mantener actualizada la base de datos del día, con lo que se encuentra en tapete.
Compartir espacio con otras personas puede ser delicado. Algunos ruidos y los olores evitables, suelen incomodar a quien tenemos al lado o viceversa, nos vemos perturbados por una molestia constante que no permite que nos concentremos. Cada quien tiene un espacio dentro de un área común, algunos consideran las implicaciones de lo que pueda salir de ese espacio, otros, simplemente se hacen la vista gorda y oídos sordos. ¿A cuál bando perteneces tú?
Diana Krall