A veces encapsulo los momentos, unos para guardarlos, otros para botalos; e imagino mi vida en una línea con un pequeño brote y digo: ‘Esto no va a cambiar nada’, y sigo mi camino. Algunas cápsulas flotan libremente…
Nuestros corazones están en tratamiendo de bonsái. Hay que seguirlos cuidadosamente, indicarles cómo deben crecer; nada de volumen ni altura, nada de esponjarse, sólo un determinado tamaño, lo suficiente para vivir.
Mi habitación en la posada Guaremal tenía unos cuadros de paisajes de playa y un poema sobre Los Roques que decía: “Una vez leí que Los Roques es un lugar que hay que visitar antes de morir. Y antes de morir lo visité y 50 veces me enamoré”. Pensamiento de un caminante del mundo.
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Me pareció curioso encontrar ese texto en una posada en Barquisimeto, era una especie premisa difusa que se me presentó hace un tiempo y me propuse seguir con ese interés: Viajar; pero sobre todo, conocer mi país.
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Al ver la forma tan “sencilla” como mis amigos y buenos conocidos parecen ir de un país a otros y visitar ciudades sin siquiera conocer una historia sobre ellas, yo me dije: ‘creo que antes de hacer eso tan divertido que es recorrer caminos y conocer culturas’, debería saber más de mi tierra para poder enseñársela a quienes me pregunten. Y eso he hecho, o al menos he tenido la suerte, que con el trabajo que desempeño, he podido conocer buena parte del estado donde vivo, aunque reconozco que los pueblos son sumamente sencillos y no ofrecen mucho al turismo.
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Por otro lado, me he aventurado a visitar otras ciudades como Barquisimeto, que sólo conocía por referencias bibliográficas, de Internet y cuentos de bloggers. Tenía la curiosidad de ver en persona para corroborar, aunque diría ‘sumar’, más de lo que he conocido. Aún quedaron sitios por visitar; quisiera recorrer más del Occidente del país y de Los Andes, para confirmar las cosas que he aprendido desde pequeña, hacerme con otras que desconozco y sentir lo sabroso del arraigo a la tierra que representa mi gentilicio.
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La capital del estado Lara es una señora mayor de impecable presencia, sin pretenciones y discreta; absolutamente segura de su personalidad y creencias; conoce bien sus costumbres y se enorgullece de ellas. Cada una de sus calles, en líneas perfectas, confirman sus buenas maneras y un espacio de bonito estilo. Si te quieres divertir, te diviertes; si quieres meditar, caminas y lo haces; si quieres deleitarte con el paisaje, subes a una montaña y admiras, con la brisa fresca en la cara, cómo se extiende de lado a lado la construcción moderna. *Pat.
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Falta mucho por conocer. Falta poco por conocer. :)
Ante los problemas comienzas a reagrupar tus pensamientos, a dar prioridad a lo cercano, a lo pequeño que lo merece. Sin embargo, llega un instante que nos toma por sorpresa, cuando en un momento de soledad (luego de pasar mucho tiempo ignorando adrede) se pasa el límite de la reflexión y te despiertas sumergido en los recuerdos.
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Luego te cuestionas: “¿Por qué la hice a un lado de mi vida, si ella era mi vida? En ese momento sientes un ardor en el pecho, una agonía que hace que te des cuenta de todo lo que vivías a su lado en cada instante, segundo y milisegundo que estuviste respirando junto a ella; y es inevitable que cada mirada, cada gesto, el roce de su piel… su presencia, adquiera un valor exponencial al que solía tener.
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Hay sentimientos que no se pueden negar; perdurarán guardados en un sobre de terciopelo. Tal vez, tan sólo tal vez, el futuro nos regale lágrimas dulces y momentos eternos.
Coleslaw: “No me sale la tierrita en el BB”.
Numeral 1: “¿Cuál tierrita?” o.O? (¿Arena?¿Polvo?)
Coleslaw: “¡La tierrita que sale cuando uno se conecta!”
Numeral 1: o.O? (…) (¿Terremoto?) ¡Aaaah! El Mundo… El planeta… ¡LA TIERRA! … La tierrita… -_-U
Puedes enamorarte, pero no de Cupido…
Es jueves, estoy atrasada y no me preocupa, esa actitud es la que me tiene aún más pensativa… Me siento tranquila y me gusta.
La sublime imagen de tu cuerpo se pasea curiosa por mi mente, se asoma por las esquinas y de pronto se posa al frente dejándome inmóvil.
Llegamos a ser tan tolerantes que, sin decirlo, escuchamos las palabras de otro, las diferimos, las interpretamos y, en ocasiones, hasta la guardamos en la biblioteca porque quizás, tan sólo quizás, en un tiempo terminamos usando las mismas palabras y contradictoriamente apoyándonos en las mismas ideas.
La disparidad de opiniones, basada en los sentimientos, llegará a un punto de conciliación y acuerdo grato para todos.