Qué buen texto aportó Tania para la edición de esta semana. Me tomo el atrevimiento de publicar acá, a penas, la carta.

Carta de un padre a su hijo
A nada debes temerle como al miedo mismo

Querido hijo:

El temor es una de las razones más comunes por la cual fracasan las personas. A través de mis años de vida, he visto más sueños sucumbir ante esta emoción que ante cualquier otra. Los seres humanos le temen a lo desconocido, al posible rechazo por parte de los demás, o a la posibilidad de fracasar. Y aunque alguno de estos temores y las dudas son todas emociones negativas que terminan por paralizarnos sino las controlamos, yo concibo los temores y las preocupaciones como los intereses que pagamos ahora por problemas que todavía no hemos experimentado.

Seguramente, muy temprano en tu vida, descubrirás en carne propia lo que es sentir temor, sentir miedo de algo o de alguien. Es inevitable que así sea, ya que en nuestra niñez solemos ser presas fáciles de las expectativas negativas de otras personas. Sin embargo, no permitas que el temor te paralice. Recuerda que siempre que te detengas y enfrentes esos temores cara a cara, ganarás fuerza, coraje y confianza en tus propias habilidades.

En ocasiones, debemos inclusive arriesgar perderlo todo si de verdad queremos triunfar. Cuando tienes en tu mano una mazorca tierna, hay dos opciones: o la guardas para alimentarte con ella, con lo cual solucionarás tus problemas más inmediatos, o la siembras, con la esperanza que ella produzca para ti una cosecha que no sólo te alimente, sino quizás puedas mercadear y logres crear ingresos para ti, al tiempo que alimenta a otra persona.

¿Ves hijo? Esta meta es mucho más loable, pero conlleva un riesgo mayor. Debes tomar el grano, sembrarlo y esperar que éste muera antes de dar vida a otra planta, y aún así deberás esperar que está crezca, y que el clima sea propicio para su desarrollo antes que la nueva planta dé el fruto que tanto anhelas. En esencia, debes arriesgarte a perder todo el grano para poder disfrutar de una nueva cosecha.

Muchas personas prefieren la seguridad de comer el grano que ya tienen en la mano y no arriesgarse a perderlo, pero, en virtud de dicha decisión, ellas habrán optado por no gozar del fruto de una nueva cosecha. De la misma manera, quienes no poseen metas y objetivos específicos en su vida, saben que el solo hecho de fijarse metas los expones al peligro de, quizás, no alcanzarlas y que los demás lo vean como un fracasado. La realidad es que, indudablemente, hay cierto peligro asociado al decir: “Yo haré esto o yo haré aquello”.

La naturaleza de este peligro es la misma que experimenta un navío que abandona la seguridad del puerto y se aventura a navegar en los mares profundos. Hay cierto peligro asociado con ese evento; es indudable que esta nave estaría mucho más segura si se quedase en tierra firme, disfrutando de la seguridad que ofrece el muelle; sin embargo, ella no fue construida con el único propósito de permanecer en el muelle, fue construida para navegar por los mares.

Lo mismo sucede con las personas que rehúsan enfrentar los riesgos que vienen con las grandes metas. Con el paso del tiempo su carácter se debilita, su espíritu se acobarda y terminan por aceptar su incapacidad para enfrentar cualquier aventura que pueda ofrecer el mínimo riesgo.

Sé valiente hijo mío y sal tras tus sueños entendiendo que, de la misma manera, el peligro es infinitamente mayor al no tener metas claras y al no arriesgarnos a salir tras ellas. Recuerda: Si la verdad desea triunfar, tarde o temprano tendrás que renunciar a las falsas garantías que suele ofrecer la mediocridad, y salir en pos de tus sueños aceptando los riesgos que demanda lo grandioso.

Dios te bendiga.

Tu papá

Carta tomada del libro La parábola del triunfador de Camilo Cruz